lunes 18 de octubre de 2010

Cauce

Hace millones y millones de años, un pequeño arroyo comenzó a fluir,  no tenía un nombre porque no había nadie que se lo otorgara, pero a él no le importó, fluyó y fluyó hasta convertirse en un poderoso río, que con el paso de el tiempo, labró en la tierra un camino, que creció, y creció tanto, que se convirtió en un Cañón, cuando el hombre llegó, le puso un nombre al río, El Río Colorado, y asi mismo se llamó el Cañón, es una de las cosas que quiero ver alguna vez en mi vida, quiero pararme en sus cercanías y contemplar el Gran Cañon del Colorado, y asombrarme de saber que fue creado gracias a millones y millones de años de perseverancia de un pequeño arroyo.

Cerca de mi casa, había un arroyo, hace mucho mucho tiempo, incluso, creo que algunas personas solían navegar en él en frágiles barcas de madera, corría desde un brazo del río hasta desembocar en una laguna no muy lejos de mi casa. Durante mucho tiempo permaneció ahí llevando la corriente a su destino, año con año desde los albores del tiempo, o bueno, desde que se formó, dato con el que no cuento realmente.

Poco a poco, por causa de la urbanización la tierra se volvió escasa y como sucede en estos casos, el hombre le fue ganando terreno al arroyo, hasta que un día simplemente desapareció y solo quedaron las viejas historias transmitidas por generaciones que contaban, que hace mucho mucho tiempo, había corrido por ahí un arroyo de aguas cristalinas que se hizo a un lado para darnos un poco más de espacio para vivir.

Poca gente cree que ese arroyo haya existido, pero en época de lluvias, la memoria de Nuestra Madre Naturaleza, que nunca olvida, nos recuerda que ella hace tiempo decidió que ahí correría un arroyo y ni el hombre con sus moles de concreto podría evitarlo. Es un caos tremendo cuando llueve, las casas se inundan, la gente lo pierde todo, los autos, los muebles, se han perdido vidas incluso en ocasiones muy lamentables, la gente se molesta, se enoja, maldice, y al pasar las lluvias, todo vuelve a ser como estaba, vuelven a empezar sus vidas con la esperanza que la próxima vez, no suceda así, sin embargo, siempre es igual.

Los seres humanos somos exactamente como las corrientes de agua,  a travez de los años con nuestro comportamiento, con nuestras costumbres y acciones, lentamente vamos labrando nuestro cauce, el arroyo de nuestra vida, lo hacemos de una forma tan fuerte que nuestros arroyos poco a poco se convierten en ríos cuya corriente es siempre la misma. Y sin embargo, en algún momento llega alguien que nos hace cambiar, que nos pide modificar nuestro camino, o decidimos cambiarlo por nuestra voluntad, para juntar las aguas de nuestra vida y formar una corriente juntos, más fuerte, más poderosa.

Pero somos como ríos, y durante las épocas de lluvia de nuestras vidas cedemos ante la presión, y volvemos a nuestro cauce original, del que nunca debimos haber salido, volvemos al camino que habíamos trazado con nuestros actos, con nuestra personalidad y nuestras costumbres, y creamos caos y destrozamos lo que queda a nuestro paso, y la tormenta nos vuelve feroces, y nos alejamos de ese camino que estábamos formando juntos, de ese camino que pensamos era lo que siempre habíamos querido, y lastimamos o salimos lastimados, porque estabamos siguiendo un camino que no era el nuestro, un camino que la madre naturaleza no había planeado para nosotros.

Y al final de la tormenta, regresamos a esa corriente nueva, a ese camino falso, deseando que la próxima vez no nos pase lo mismo, pero siempre, siempre es igual.

Las personas no cambiamos, podemos modificar nuestra conducta por un ser amado, para que nos acepten en la sociedad, para que nos dejen formar parte de algo, podemos cambiar nuestra corriente para pasar por lugares que creemos es donde queremos estar, podemos cambiar nuestro cauce cuando todo esta en calma, pero siempre habrá época de lluvias, y los problemas siempre nos desbordarán, y no habrá una presa que contenga nuetro verdadero ser, ni la verdadera cara de nuestras vidas y sacarán a lucir quiénes somos en realidad y por dónde debimos haber seguido.

Para que modificar un río?
Para qué pedirle a alguien que se vuelva uno con nosotros?
Por qué tenemos esa necesidad de juntar las corrientes para sentirnos mas fuertes?
Por qué crear una presa para contener a alguien si sabemos que en algún momento se desbordará llevándose todo lo que encuentra a su paso? Por qué esperar que la próxima vez no sea igual?

Debemos recordar y aprender, recordar y aprender con los años, que no importa que tan diferentes seamos, que no importa que tan lejos estén nuestras corrientes, al final, todos los ríos desembocan en el mar. Y es ahí donde por fin podremos ser uno solo y subir al cielo, llegar hasta las nubes y caer como lluvia en un lugar lejano, y por qué no decirlo, quizá, a partir de ese momento  empezar a labrar juntos nuestro propio Gran Cañón.


Anvil Higgins, un poco más en serio.

jueves 9 de septiembre de 2010

Es Mujer

Por:  Jesús Cepeda

Llevaba meses postrado, enfermo, aborreciendo el lecho que tantas veces añoré, lecho que era tan diferente ahora, tan irónico el pensar que un hombre al que tanto le gustaba descansar y que nunca se perdía la siesta de las cinco de la tarde, que ansiaba cada día llegar a su cama y entregarse a las mieles de la pereza, pidiera a gritos poder levantarse y salir a la calle y trabajar o caminar o correr, hacer lo que fuera hasta perder el aliento, aliento que me costaba tanto obtener ahí tirado - ¡Maldito cáncer! - me repetí tantas veces durante mi agonía - ¡Maldito seas! - si yo siempre fui una persona muy sana, nunca fumé, bebí solo lo que los médicos recomendaban, trabajé mucho, hice ejercicio, nunca comí porquerías, en fin una vida sana podría decirse, además
- ¡No estoy tan viejo! -

Es horrible vivir horas extras, - cinco meses máximo - me dijo el Doctor la última vez que lo visité - cinco meses máximo - llevaba convaleciente seis meses y dieciséis días, así que cada noche al cerrar los ojos me preguntaba, si vería el siguiente amanecer, y cada amanecer me preguntaba si sería este el último día de mi vida.

Pasaban las tres de la mañana, no por mucho, solo unos cuantos minutos, la oscuridad ahogaba mi habitación, la atmósfera cada vez se tornaba más densa y repentinamente me invadió un sentimiento, esa extraña sensación que sabes perfectamente  jamás has tenido, que no se puede comparar con ningún otro sentir anterior, un sentimiento de muerte, la extraña e inquietante certeza de que ha llegado la hora de tu final, y tuve pánico, un pánico inmenso, apreté mi quijada y tensé mis extremidades, como si con eso fuera a impedir que mi alma abandonara el cuerpo, lógico es pensar que tal esfuerzo constante solamente conseguiría mermar mis ya de por sí agotadas fuerzas, y tenía razón, no sé cuánto tiempo pude mantenerme así, lentamente el cansancio fue apoderándose de mi hasta entrar en un estado de total relajación, paz y por qué no decirlo, aceptación.
¿Dolerá? - me pregunté - ¿Cómo será esto de morir?  Cerrar los ojos y ¿Después? ¿La vida eterna? ¿La nada?

Entonces la vi…

Justo enfrente de mí, su silueta comenzó a desvelarse, pasando de un simple bulto borroso a una forma humana perfectamente definida, tez blanca o quizá grisácea, no podría asegurarlo al ciento por cien, estaba oscuro, pero definitivamente no era como me habían hecho pensar toda mi vida, no había una gran capucha negra ni una guadaña apoyada sobre su hombro, mucho menos el rostro esquelético y las manos de falanges expuestas, era simplemente blanca, hermosa, nada más, blanca en su totalidad, escueta, triste, delgada, y muy serena, pero no había duda en mí, era ella.
Nunca he estado de acuerdo en asignarle un género, ¿cómo poder decir si es hombre o mujer? si nadie puede regresar para despejarnos la duda, pero apegándome a lo establecido le diré "ella" a fin de facilitar mi relato.
Me miraba fijamente con compasión, como si supiera la cantidad de dolor y la agonía que había estado sufriendo por tantos meses, como si quisiera decirme que ya todo iba a pasar, que pronto iba a ser liberado.
Se inclinó sobre mi lentamente, inspeccionándome, acercando su rostro al mío, olfateando, tal vez para sentir la última gota de vida que aún se encontraba en mí, era tal mi debilidad, que no podía gobernar mi cuerpo, no hice nada por evitarla, simplemente me limité a observar, a observar a quien me observaba durante ese instante, esos segundos que parecen años, posó su mirada sobre la mía y en un momento, no sé cómo explicarlo, la manera mejor que encuentro para   describirlo es; como si de repente yo pudiera ver por medio de sus  ojos, ¡exacto! por momentos me vi a través de ella, me vi postrado en la cama, ¡Oh dios mío! ¡Qué terriblemente se había deformado mi rostro por tanto suplicio!, ¡Cómo se había apagado mi mirada antes tan llena de vida! aún sabiendo que era yo, me costaba trabajo reconocerme y desde ahí observé mi vida, en veloces destellos, desde que vi la luz, recorrí cada momento vivido, cada logro, cada fracaso, cada decepción y en un instante de lucidez pensé
- Por Dios pero si no soy tan viejo aún -
Regresé a ser yo, y ella, frente a mí, despacio, lentamente, de una manera absolutamente macabra, estiró su mano hacia mí con sus dedos extendidos, y con una voz que juro por todos los dioses y lo más sagrado que jamás olvidaré, me dijo
- Ven conmigo -
Cuánto terror pude haber sentido en ese instante, quizá usted que lee esto, rectifico, estoy seguro que no puede imaginar la cantidad de terror que llegué a albergar en mi alma, ni la infinita desesperación y angustia de saberme perdido, que acumulándose desde lo más profundo de mi ser poco a poco y como un torrente imparable buscando una salida, se materializó a través de mi garganta en un seco y rotundo
- ¡No! -
Sus ojos se abrieron llenos de sorpresa y no era para menos, nunca nadie, a lo largo de las centurias, de los milenios, jamás un mortal había sido capaz de pronunciar tal palabra ante su presencia, su mirada perturbada se retorcía en una mueca de indescriptible asombro y con ese asombro claramente marcado en su rostro, simplemente desapareció.

Hoy hace 1296 años que la conocí por primera vez, que vivo vagando por el mundo, solo,  tengo que ir por la vida escondiéndome, cambiando de nombre y residencia, he visto morir a todos mis seres queridos y me he negado a volver a sentir amor o lealtad, amistad o rencor, ilusión o esperanza, he apartado de mi cualquier sentimiento posible, para poder soportar esta larga y eterna agonía, ya ni siquiera puedo considerarme humano, tal vez el último vestigio que queda en mí que me recuerda que aún lo soy, es ese sentimiento que no he podido ni he querido arrancar de mi alma, el bendito arrepentimiento.

He viajado por el mundo, he visto y conocido tantas cosas que un hombre normal no podría hacer a lo largo de una vida, pero ya estoy cansado, de no ser nadie, de mirarme al espejo y repetir ¡Ho Dios pero que vieja esta mi alma ahora! Y con la determinación de alguien que lleva acumulando siglos de hastío la he buscado, de mil maneras, no se imagina usted la cantidad de locuras que he hecho para llegar a ella, para traerla de nuevo a mi lecho, y sí, en muchas ocasiones nos hemos encontrado, pero siempre me mira con desdén se acerca a mi lentamente, me toma del hombro y con esa voz inolvidable me susurra al oído:
- Dijiste no –

Yo seguiré aquí no se por cuánto tiempo, no sé cuánto más he de esperar, quizá el mundo algún día termine y la humanidad desaparezca de la faz de la tierra, y entonces se apiade de mi, quizá tenga que esperar toda la eternidad, pero ahora al menos de algo puedo estar completamente seguro, es mujer, y ¿qué mujer perdonaría tal desaire?

Fin.

miércoles 19 de mayo de 2010

Mi Bicicleta Amarilla

Mi primer bicicleta fue una amarilla, era yo un morrito, me la regalaron por navidad, cuando la vi por primera vez, me senti pequeño pequeño, ahi estaba frente a mi alzándose como una mole de metal amarilla con sus ruedas grandes, enormes!. Y no pude evitar preguntarme, cómo es que yo podré subirme a ella? cómo es que la voy a dominar sin que me caiga de boca y me rompa mis dientitos de leche?

Salí a la calle a compañado de mi papá, del cual no tengo casi recuerdos, ya que se fue cuando era yo muy pequeño, pero dicen, y dicen bien, que honor a quien honor merece, y si tengo recuerdos agradables de mi infancia, uno de ellos es con él, enseñándome a andar en bicicleta.

Afuera todo parecía enorme y la calle de mi casa larga, exageradamente larga, casi infinita, apenas podía yo ver el final de la cuadra, mientras sentado en mi bicicleta amarilla, aferrado fuertemente a los manubrios, esperaba el momento en que empezáramos a rodar cuesta abajo, - me voy a caer papá!- gritaba con mucho temor - no te caerás, mira, si te fijas, la bicicleta tiene rueditas a los lados y no importa lo que pase, no te caerás - de verdad? - así es, voy a soltarte - y bajé aquella calle irregular dando tumbos y brincos en mi bicicleta amarilla, mirando como el final de la calle se acercaba más y acumulando una serie de emociones como un augurio de las que muchas veces en el futuro tendría: temor, emoción, triunfo y orgullo.

Pasé mucho tiempo sobre mi bicicleta amarilla con sus rueditas a los lados, nadie me detenía, ni siquiera los baches en la calle ni las piedras que no alcanzaba a sortear, porque tenía mis rueditas a los lados!! quién podría tumbarme si tenía mis rueditas a los lados?

Un día antes de salir a la calle con mi bicicleta amarilla, mi padre la tomó, tenía unas pinzas en la mano, y yo no sabía que era lo que pretendía hacer, tal vez si lo hubiera sabido, hubiera llorado y hecho un berrinche para evitarlo, pero no, todo me llegó de sorpresa cuando lo vi regresar con unas pequeñas llantitas en la mano, corrí hacia donde estaba mi bicicleta amarilla y ya no estaba ahi parada como acostumbraba esperarme, estaba tirada en el piso, pero por qué? porque ya no se sostenía? porque mi bicicleta amarilla estaba ahi tumbada, como si hubiera muerto? la levanté y esperé que se quedara así pero no ocurrió, volvió a caer, y entonces descubrí, que ya no tenia sus rueditasa los lados, y sentí miedo nuevamente.

Mi padre llegó y salimos a la calle, se que no pude esconder mi cara de terror porque de inmediato me dijo, no pasa nada yo te voy a sostener...

Nuevamente estaba yo ahi en mi bicicleta amarilla, aterrorizado, pensando en lo espectacular que sería mi caída y en lo mucho que me iba a doler, y comencé a bajar la calle, pero no sentí temor, me sentía protegido, porque no improtara lo que pasaba, cada que volteaba, estaba ahi mi padre, sosteniendo fuertemente el respaldo de mi bicicleta amarilla, evitando que me cayera.

No recuerdo cuántas veces subí y bajé esa calle acompañado de mi padre, no recuerdo cuantos días pasaron, ni recuerdo si mi padre se cansaba de correr detrás de mi sosteniendo la bicicleta amarilla, pero jamás olvidaré ese último empujón que medió justo antes de soltar el respaldo para dejarme bajar la calle sin la ayuda de nadie, y jamás olvidaré cuando miré hacia atrás y vi que me encontraba solo, calle abajo, pedalenado fuertemente, girando en las curvas, sintiendo el aire rebotar en mi rostro, era yo un bólido, iba a la velocidad de la luz! "reterecio" hasta que por fin llegue a mi destino.

Ese día subí esa calle con la sonrisa más grande que un niño de mi edad podía alojar en su pequeño rostro, casi o podía morder las orejas! ya la bicicleta no se me hacía tan grande, quizá porque ahora era yo el que se sentía enorme, invencible, imponente, todopoderoso.

Me caí muchas veces de mi bicicleta amarilla, pero de eso se trata el aprender no? de caerse y volverse a subir a la bicicleta, y un día cuando en verdad creces y tu bicicleta amarilla ya no puede sostenerte y te queda chica, cambias a una más grande, una que tal vez te dará temor otra vez, como todo lo que es nuevo nos atemoriza y a la vez nos emociona, pero sabemos que no importa que tan grande sea la bicicleta, si es de velocidades, de carreras, de montaña o de cross, siempre estará con nosotros el espíritu de esas llantitas a los lados y esa mano que nos sostiene del respaldo fuertemente para no dejarnos caer.

Es irónico, como una bicicleta amarilla que yo vi tirada ahi creyéndola muerta, me haya regalado tanta vida, y es increíble como la vida que me regaló, se parece tanto a andar en bicicleta.

Pero en esta bicicleta de la vida, yo me considero apenas una aprendiz y aunque dicen que andar en bicicleta nunca se olvida, de vez en cuando necesito de mis rueditas a los lados para no caerme, y sentir que me sostienen del respaldo y me empujan muy fuerte para que siga mi camino solo, y aún espero el día en que pueda dominarla tan bien, para poder pasar enfrente de mi casa y gritar
"MIRA MAMÁ, SIN MANOS!!!"

Au Revoir!

martes 14 de abril de 2009

Línea de Vida

Todos llegamos a tener confianza en algo, la confianza es uno de los primeros sentimientos que nacen el el ser humano, cuando damos nuestros primeros pasos sabemos y confiamos en que alguien estará ahí para sostenernos si tropezamos.

Confiamos nuestra vida a un Dios, a una entidad desconocida, puesto que de eso se trata la Fe, de confiar, de saber que algo existe ahí que siempre verá por nosotros, aunque no lo veamos, aunque no lo podamos tocar ni sentir. Asi es la confianza, el más noble de los sentimientos y el más fuerte porque nos sostiene ante cualquier adversidad, como dicen por ahí: El Ave canta aunque la rama cruja, porque tiene confianza en sus alas..

La confianza es como la Línea de vida que sostiene a los alpinistas, no importa de que tan alto caigas, siempre sabrás que esa línea detendrá la caída. Y todos en la vida diaria caminamos por montañas y cerros, subimos a las cumbres de los problemas, escalamos los picos enormes de la adversidad, aferrados únicamente a esa línea de vida que es nuestra confianza, la que depositamos en nuestros amigos, en nuestras capacidades, en nuestros conocimientos, en nuestras creencias.

Sin embargo esa línea de vida aún con su fuerza y su entereza es vulnerable, vulnerable a las lenguas malintencionadas que la cortan tan fácilmente como si de afiladas cuchillas se tratara.
Y una vez cortada, a qué te aferrarás? quién detendrá tu caída? Una vez cortada puede que ya no quieras subir más montañas, puede que ya no quieras arriesgar más subiendo a lo más alto, una vez cortada es probable que te de miedo volver a confiar, porque el suelo es muy duro y los golpes duelen.

Le puedes hacer un nudo, un nudo fuerte e intentar repararla, pero no te culpes si sientes miedo de volver a escalar, no te culpes si sientes recelo de volver a confiar, porque hasta el más experimentado de los alpinistas, dudaría en encomendar su vida a una cuerda con un nudo en ella.

Si decides no volver a confiar, adelante!
Si decides volver a intentarlo y seguir tu camino, cambia de cuerda, porque las montañas no se van a mover de su lugar.


Anvil Higgins

lunes 23 de marzo de 2009

Lirl

Lirl era una hormiga, una de las millones que vivían en aquel gran gran hormiguero, a simple vista no la podías reconocer porque Lirl era una hormiga común y corriente, no era más alta, no era más veloz, ni siquiera era mejor parecida que las demás, así que fácilmente podía confundirse en aquel mar de hormigas cuya corriente no paraba en ningún momento del día.

En cierta ocasión, salió del hormiguero y se alejó de él, sólo para descubrir que había más allá de aquel arbusto que siempre les proveía de comida y de aquel montón de arena que les brindaba seguridad, y pudo ver más hormigueros a lo lejos... arbustoas más grandes aún y un horizonte que parecía no tener fin.

Lirl se sintió insignificante.

Tomó como costumbre esos paseos matinales fuera del hormiguero después de terminar con sus labores de obrera, cada día un poco más lejos.... cada día un poco más atrevida, pero nunca, dejaba de mirar atrás para no perder de vista el hormiguero, para no perder de vista su lugar seguro.

Cierto día... miro algo inesperado, algo que jamás había visto, una bella orga caminando por las hojas de un arbusto cercano, con miedo se acercó, y la observó con detenimiento, nunca había visto algo más bello, tocó la suave piel que se ondulaba al ritmo de los pasos de la oruga, y la oruga lo miró, miró a aquella hormiga a la que nadie antes había mirado. Y cada día mientras todas las hormigas caminaban alrededor del hormiguero, Lirl podía voltear hacia aquella rama, y la oruga le otorgaba una gran sonrisa, ella podía distinguirla de entre los millones de homigas, ella podía verla y no apartar su mirada, ella la reconocía.

Y Lirl se sintió grande... enorme.

Y pasaron muchas tardes de reuniones, de pláticas interminables, y cada noche que Lirl regresaba a su hormiguero, pensaba en como era posible que alguien tan insignificante pudiera aspirar a que alguien tan bello lo mirara, no entedía como una simple hormiga podía llegar a lo alto de la rama diariamente y encontrar con que su oruga estaba ahí esperando ritualmente.

Y la hormiga se sintió importante y pensó, Puede ser...

Así que un día llegó ante la oruga, y le dijo lo mucho que quería estar con ella, y la oruga no respondió, la hormiga se sentó paciente al lado de ella, contándole como una hormiga y una oruga pueden hacer una vida juntos, explicándole como una hormiga pequeñita pequeñita, podía vivir para intentar que la oruga fuera feliz, explicándole que parece dificil, pero dos seres tan diferentes pueden complementarse perfectamente y la oruga no respondió, se había vuelto como de piedra, inmóvil, inerte, y solo dijo, lo siento, mientras era una oruga te amé, y nunca hiciste nada por demostrarme que me amabas, ahora empezaré una nueva vida, una vida en donde no estas tú, ahora voy a volar, y a descubrir que hay más allá de esta rama, ahora voy a dejar todo atrás, así como tu dejaste atrás a tu hormiguero.

Lirl nuevamente se sintió pequeña, insignificante, impotente.

Y acudió por días y días a mirar a su oruga, esperando una sola palabra de esperanza que brotara de sus labios, intentando hacerla entender que aunque fuera la más pequeña de la colonia, al lado de su oruga ella se sentía la más grande de las creaturas que pisan la faz de la tierra, pero esa esperanza nunca llegó.

Y con el tiempo y las tardes, con las horas y los días, y con cada espera paciente al lado de su amada, la hormiga fue testigo de como la oruga brotó por fin a una nueva vida, una vida diferente que no tenía como límites el suelo, una vida que podía llevarla donde el viento la llevara, una vida donde el cielo era el mar que con sus avances y retornos le llevaría lejos, lejos de esa vida donde una vez, soñó con vivir al lado de una insignificante hormiga...un mar tan diferente al que la hormiga había conocido.

Una hormiga nunca estará a la altura de una mariposa, y ella solo pudo llegar hasta la punta de la rama más alta de aquel arbusto, mientras su querida oruga, se desprendía de ella y emprendía el vuelo, mientras Lirl, se paraba de puntitas y levantaba sus diminutas antenas intentando llegar más alto para alcanzarla, pero comi ya lo dije, una hormiga jamás estara a la altura de las mariposas...

Y la miró alejarse y mientras se alajaba, Lirl se fue haciendo más pequeño, más insignificante, menos importante, Lirl desapareció.



Y agachó la mirada derrotada, triste y herida, bajó de la rama, de esa rama a la que nunca debió haber subido, porque, como es sabido... las hormigas no están nunca a la altura de las mariposas, y lloró, y maldijo el día en que estupidamente decidió alejarse del hormiguero, ella estaba bien ahí, tenía una vida, y el dolor no estaba presente, y agachó más la mirada y descubrió una figura conocida, una silueta idéntica a ella, que se movía a la par, que la acompañaba a todos lados, que siempre estaba ahí, a un lado, al otro, pero jamás arriba de ella.

Era su sombra, era la escencia de lo que ella era, era ella misma y supo que la acompañaría hasta el último día de su vida y Lirl se dió cuenta que, bajo el sol, aún la más insignificante, aún la más pequeña de las creaturas produce sombra.


Anvil higgins... un poco más... pequeño

lunes 16 de marzo de 2009

Mi Efecto Mariposa

Sueño demasiado, con los ojos abiertos, sueño demasiado y muchas veces he cometido el error de confundirme, y no saber en donde termina mi sueño y empieza la muchas veces cruda realidad.

Vivo en un mundo donde los hubieras si existen, en donde puedo decir que si y no al mismo tiempo, en donde puedo tomar los dos caminos de una disyuntiva, mi existencia esta dividida en realidades paralelas, donde si tomé aquel trabajo que me ofrecían, donde no hice aquello que después me arrepentí, donde si le dije a esa mujer tan hermosa que la amaba, en donde mi vida es diferente a la que tengo, y muchas veces pienso que alguna de esas tantas vidas es mejor que mi realidad, y quisiera dar el "salto cuántico" y marcharme a ella.

Pero eso es también un sueño, algo que nunca pasará, porque por más vidas que imagine tener, por más decisiones que imagine que tomé y por mas disyuntivas que se me presenten en mi camino, solo puedo tomar una a la vez, solo puedo escojer entre si yo no, izquierda o derecha, bueno o malo y con ello ir poniendo frente a mi las lozas que van formando el camino de mi vida.

Pero sigo soñando, porque esa también es una desición mía, porque me gusta imaginar que vivo con la persona que amaba, que tengo otro trabajo y que vivo en otro lugar, porque todas esas vidas que imagino tener a final de cuentas me hacen apreciar la que tengo, porque todas esas vidas que imagino tener, dependen de mi realidad y el día que yo quiera dejarán de existir, soy como el Dios de mi imaginación, ella puede llegar hasta donde yo lo permita, y por hoy le permito existir, por hoy le permito seguir llevándome a lugares en donde mi vida es perfecta, lugares en donde puedo hacer las cosas que nunca me atreví, lugares en donde pude decir te amo sin miedo al rechazo, al fin y al cabo cuando me canso de imaginar vidas perfectas, me regreso a mi cruda realidad, cruda, pero tangible realidad... y cuando esa crudez me abruma siempre tengo los sueños, al fin yo se que aunque sea un soñador, tengo los pies bien plantados...

en las nubes.

Anvil Higgins un poco más en serio.

domingo 1 de marzo de 2009

Equivocación

Si te vas me muero!! - te grité
te acercaste a mí, y me dijiste al oído
- no morirás si me voy, nadie muere de amor, o soledad
y te fuiste...

Y ahora te espero aquí,
en un rincón de la eternidad
y cuando llegues, me acercaré a tí y te diré
Ves que equivocada estabas?


Anvil Higgins, un poco más en serio....

domingo 18 de enero de 2009

Que encuentres tu camino a casa...

Dedicado a la Chica X

Damián caminaba de la mano de su madre Paula en el parque de las Minas, en aquel julio de 1999, había mucha gente por las vacaciones y el parque se llenaba de un colorido por los vendedores de globos y dulces y algunos payasos callejeros que daban su show por algunos pesos en su sombrero. En un momento mientras su madre camino hacía un puesto ambulante para comprar un par de dulces, la vida de Damián cambió, su madre al voltear y no verlo, comenzó a gritar su nombre y Damián a lo lejos solo escuchaba la voz de su madre y mientras la buscaba sin tener éxito no supo como llego hasta ahí, a un pueblo, un lugar que jamás había visto, con rostros que no lograba identificar.

Rápidamente una señora de edad avanzada se acercó a el lo tomó de la mano y le dijo - No te preocupes, todo va a estar bien ahora- y damián no hizo nada por escapar, se sentía a gusto, confortado, como en casa. Era Doña Leonor, que vivía con el Viejo Manuel, quien tenía cierto retraso mental, y Mirna, una mujer joven que siempre estaba contenta no importara lo que pasara, así vivió con su nueva familia,la que lo acogió y lleno de cariños. La que sustituyó a esa madre que en algún lugar lloraba a diario la ausencia de aquel hijo perdido. Creció y vivió con doña Leonor, una anciana mujer que todo el mundo recordaba por ser de la primera que había llegado a aquel pueblo, por ahi de 1950.

Mientras Paula, a diario recordaba aquel huijo perdido, y miraba la foto que se tomaron en el parque, la última foto que tenía de Damián, sosteniendo un par de globos metálicos con sus pequeñas manos.

Había algo que siempre le llamó mucho la curiosidad a Damián, todos los días algunas personas del pueblo se reunían en las afueras y esperaban, esperaban por horas mirando hacia el horizonte, después de mucho, se cansaban y se retiraban a sus casas, más siempre había alguien que se negaba a regresar y se quedaba a esperar más tiempo, con la esperanza de que algo sucediera. Un día Damián quiso ir también a las afueras a esperar, algo le movió a hacerlo, algo en su interior se lo dijo y se encontró con los demás mirando al horizonte, esperando, por horas, hasta que a lo lejos, una figura comenzó a tomar forma, se acercó a todos y los miró, con sorpresa, pero en su mirada reflejaba una paz muy grande, era un niño de no más de 10 años aún traía en su mano un algodón de azúcar a medio comer y las lágrimas no se habían secado de su rostro todavía,con mucha calma Doña Leonor se acercó, lo tomó de la mano y le dijo - No te perocupes, todo va a estar bien ahora.

Cerca de las 5 de la tarde tocaron muy fuerte en casa de Damián, era Aracely, la de la larga cola de caballo, y le preguntó muy emocionada, Está doña Leonor? buscan a Doña Leonor!!! llámala pronto que venga las afueras del pueblo! y pronto Damián corrió por ella, y caminaron hacía aquel lugar.

Las lágrimas de Paula habían ya marchitado su rostro, las constantes idas a los periódicos para publicar avisos para que alguien le informara el paradero de su hijo, le habían mermado la salud y el espíritu, había gastado cuando tenía en buscar a Damián, había gastado sus energías en ir delegación tras delegación de policía años tras año buscando a su hijo y todas las noches se quedaba mirando televisión hasta ver los anuncios donde pedían ayuda a la comunidad para encontrar a sus seres queridos, y siempre, siempre nombraban a Damían, de 6 años, se extravió en el parque de las Minas, en 1999, pelo castaño, llevaba playera roja y zapatos tennis bancos, como seña particular tenía un lunar grande en el hombro derecho. Pero el teléfono nunca sonaba.

Qué pasa madre?- preguntó Damián a Doña Leonor
Vienen por mi hijo, después de más de 50 años vienen por mi
Quién viene por ti madre?
Mi familia.
Tu familia? no somos nosotros tu familia? no soy yo tu familia, Madre?
Si Damían tu eres mi familia y siempre lo serás. Pero ahora, es tiempo de volver con ellos
No entiendo madre, no sé de que me hablas
Damián, alguna vez te has preguntado en dódne estás?
Estoy aquí no? en este lugar con ustedes
Damían, estás en el Pueblo de los Perdidos, en un lugar en donde habitan todos aquellos que nunca supimos como regrear al hogar, todos aquellos que nos extraviamos y desaparecimos del mundo. Yo llegué aquí hace mas de 50 años, recuerdo que salí a comprar unos dulces y nunca más volví a ver a mi familia, vagué por las calles y en mi desesperación o en mi locura me inventé este pueblo, me inventé esta ciudad en donde pude vivir mi vida y crecer, en donde pude dar cobijo a todos aquellos que como yo, jamás encontraron el camino a casa. Este pueblo existe gracias a nuestras esperanzas Damián y a las esperanzas de todos aquellos que aún rezan a diario y nunca pierden la fe de encontrarnos nuevamente. Por eso vamos a esperar a las afueras, por eso nos quedamos mirando al horizonte a esperar que alguien más llegue. O como el día de hoy, a que alguien se vaya Damián.
Te vas tu madre? por qué?
Porque me han encontrado hijo mío, porque después de tanto tiempo mi familia me encontró, y aunque estoy nerviosa, porque no recuerdo a mis hermanos y mi madre ya no debe estar viva, me siento feliz y a la vez triste por dejarlos a todos ustedes, pero debo irme Damián, todos tenemos que irnos algún día, tengo que ir a pasar mis últimos días con aquellos con los que debí vivir.
Madre, ahora recuerdo, ahora sé porque siempre soñaba con una mujer en el parque que me llevaba de la mano, ahora sé porqué en mis sueños escuchaba aquella mujer gritando mi nombre y alejándose de mi cada vez más, es, es ella mi madre?
Si damían es lo más probable, y sabes, estoy segura que aún ella te busca y no se resigna a perderte porque estas aquí, porque nadie a venido por ti, todavía.
Y entonces yo también me ire?
Si damián tu también, algún día lo harás.
Madre, y que pasaría si en el mundo, yo ya no estoy vivo? que pasaría si no me encuentran nunca?
Entonces damían, entonces vendrán por ti, pero serán los ángeles del Señor los que vendrán a llevarte al reino de los cielos, en donde no hay más dolor ni más angustia, desde donde podrás ver a tu familia desde arriba y cuidar de ella, como si fueras un ángel.
Me tengo que ir damían... mira, ahi vienen por mi, creo que es mi hermana, tiene mi mismo color de ojos!, y mira Damián, esos deben ser mis sobrinos!!!...la más pequeña se parece a mi cuando tenía su edad!! Adios Damían!! Adios mi niño!!! cuidate mucho corazón!
Madre!!! madreee!!! dile a mi familia que me busque!! dile a mi mamá que estoy aquí, que no pierda la esperanza!!....

Y Damían regresó a su casa feliz, y vivió en el Pueblo de los Perdidos por muchos años más, con la esperanza de que un día mientras mirara al horizonte, mientras esperaba con los demás, sería su turno y vería a su madre llegar, y tomarlo de la mano mientras le decía Hijo mío! al fin te econtré! y asi como Leonor, cada vez que alguien llegaba lo tomaba de la mano y le decía -No te perocupes todo va a estar bien ahora.

Unas semanas después, Mirna, corrió a la recámara de Damián y le dijo - Damián!!! Damián!! ya vinieron por ti!!!el corrió emocionado a las afueras del pueblo, con lágrimas en los ojos, como nunca más antes había corrido.

Paula miraba la foto de damián, mientras tocaban a su puerta, atendió corriendo, y sus esperanzas se desvanecioron tan pronto como vió a los agentes de la policía enfrente de ella, con sus miradas tristes, con la terrible noticia y ella supo, sin que nadie lo dijera, que ya no tenía que buscar más, que todo había terminado, mientras Damián en las afueras del Pueblo de los Perdidos, miraba aquel par de ángeles que habían venido por el, los tomó de la mano y se desvaneció en las alturas...

Y Paula, lloraba en su cama con la foto de Damián apretada sobre su pecho, mientras le decía
Adiós mi bebé, adiós Damiancito, ya puedes descanzar en paz , perdóname por haber sido descuidada, te busqué toda mi vida y ahora ya sé que estás con el Señor, cuídate mucho mi amor, tu madre siempre te recordará, cerro los ojos, y miró enfrente de ella a un joven, bien parecido, radiante, que se acercó a ella, la besó en la frente y susurró, -No te preocupes, todo va a estar bien ahora.


Anvil Higgins...un poco más en serio.

viernes 26 de diciembre de 2008

Antifaz

Este post va dedicado a Xénit porque me recordó que tengo un lado serio que había dejado un poco olvidado. GRACIAS!

Hace tiempo alguien me dijo, "He estado viviendo una vida de mentira, yo no soy quien tu conociste y ya estoy harta de vivir engañando a los demás".

Después de reflexionar por un largo tiempo, después de un par de cervezas y uno igual de cigarrillos, me di cuenta que realmente conocer a alguien en el fondo es tan difícil, caminamos por la vida como aquel mítico gladiador de la lucha libre que tan famoso fue en su tiempo, "Mil máscaras", y así como el, nos arrancan una de ellas y tenemos otra debajo, y la arrancan y hay otra más, y así hasta que nosotros y los demás ya no sabemos cuántas máscaras traemos encima y nos miramos al espejo y solo vemos a un ser diferente ferente a nosotros, que nos mira a la vez como si de un extraño se tratase.

Muchos utilizamos la hipocresía para intentar engañar a los demás, para agradar, pera intentar no herir, y no nos damos cuenta que los primeros engañados somos nosotros, los que nos hacemos cada vez más daño somos nosotros, lo que cada día tienen que confeccionar una máscara difrente para mantener la mentira somos nosotros, y nos ponemos una máscara, encima de la otra y otra encima de la anterior y llegamos a un punto en donde la carga es tan pesada que ya no podemos levantar el rostro y mirar a als personas a la cara, en que ya no podemos levantar el rostro ni siquiera para mirarnos al espejo, en que el peso nos obliga a mirar siempre hacia abajo, hacia donde tenemos la autoestima, que se desplomó hacia el suelo un poco más con cada antifaz que le colgábamos a nuestra alma.

Para qué fingir? cuál es la necesidad o maás bien la necedad de ser aceptados por los demás y actuar de "acuerdo a" de mentir y decir lo que los demás quieren oir? de mostrar siempre una doble, triple o múltiple cara?

Que no nos damos cuenta que fingir, pretender, mentir, es algo tan cansado, tan agotador y desgastante?

Que es tan pesado vivir cargando múltiples "yo" cuando nuestra alma fue creada para solo uno?

Que corremos el riesgo enorme de dejar pasar el tiempo, y cuando un día decidamos arrancarnos las mil máscaras ya no sabremos cual era nuestro verdadero yo.

Que no hay nada más fácil en esta vida que arrancarse todas las caras y liberarse.

Por eso hay que hacerlo hoy, antes de que sea demasiado tarde, antes que las máscaras se conviertan en un tatuaje eterno, hoy pararnos frente al espejo, y sacarnos una a una cada falsedad en nuestra vida, y podremos ver, podremos sentir, como con cada mentira que se va, nuestras penas pesarán menos, y nuestra mirada poco a poco se irá levantando, hasta que por fin, podamos mirar frente a nosotros el brillante y maravilloso rostro original con el que fuimos creados.

Anvil Higgins un poco más en serio...

domingo 12 de octubre de 2008

Boeing

Alguno de ustedes se ha tomado la molestia de averiguar por qué se elevan los aviones? qué es lo que hace que una masa de hierro y plástico de muchas, muchas toneladas, pueda atravesar el firmamento volando entre la nubes como si fuera una pluma al viento.

Hace días platicaba con Maraya, acerca de que en ocasiones veo que a mi vida llegan rachas en donde no veo la salida por más que intento encontrarla, le comentaba que cuando me va bien me va muy bien, y cuando me va mal, Dios me libre!!, me puse a pensar, si es que mi vida es una vida "buena" con malas rachas, o es una vida "mala" con rachas buenas, si es que ahora mi mala racha es porque simplemente estoy volviendo a lo normal, o todo ira mejorando poco a poco, no lo sé.

Todos en algún momento nos sentimos apaleados y desmotivados por los embates que nos dá la vida, embates que no nos hacen especiales ante nadie, ya que todos tenemos broncas y cada quien tiene sus propios problemas en que pensar, pero ahí estamos con el viento en contra, y bajamos la cabeza ante la adversidad.

Día con día podemos aprender cosas a partir de los hechos más insignificantes... yo tengo coche y generalmente soy quien maneja, pero si en algún momento llego a ser copiloto, tengo la costumbre, cuando vamos en carretera a gran velocidad, de sacar mi mano por la ventanilla, extender la palma de mi mano como si fuera una ala, y ver como corta el viento que viene en contra de ella a toda velocidad, si inclino un poco hacia abajo mi mano, el viento la mueve violentamente hacia abajo, si levanto tantito por muy muy poco que la levante, la mano sube rápidamente.

Me imagino que hace muchos años alguien notó ese mismo efecto y sirvió para perfeccionar el vuelo de los aeroplanos, ya que éste mismo mecanismo tienen los alerones de los aviones y es lo que los hace bajar o subir... y sabemos que es la corriente del viento en su contra y la resistencia que oponen a ésta, lo que hace que los aviones se eleven, pero todo esto puede aplicarse a algo más que a la aeronáutica, podemos aprender lecciones de vida.

Todos somos aeroplanos en el aeropuerto de la vida, esperando nuestro turno de volar, esperando que nos den la salida para comenzar a surcar el cielo por nuestra cuenta, y todos queremos invariablemente que nos toque salir a volar en los días soleados, pero no todo en la vida son días con sol, habremos de encontrar cielos con nubarrones, turbulencias y tormentas y muchos días de visibilidad cero, en los cuáles no encontraremos el camino y nos sentiremos perdidos y haremos uso de todas las experiencias vividas para llegar a nuestra meta y de todos aquellas personas que nos quieren y que estan siempre en contacto con nosotors desde la torre de control y nos ayudan con su apoyo a guiarnos cuando los problemas no nos permitan ver más a llá de nuestra nariz.

Todos somos aeroplanos que viajamos hacia nuestra meta, que bajamos a la tierra a cargar combustible y recibir mantenimiento cuando es necesario, que cambiamos nuestreas piezas dañadas para poder tener estabilidad, que a veces emprendemos viajes con más carga de la que teníamos antes y nos cuesta un poco más elevarnos, que muchas veces en el cielo nos sentimos tan agobiados por el peso de nuestras angustias que es necesario tirar el exceso para mantenernos en el aire, que hacemos aterrizajes de emergencia en lugares en donde jamás hubiéramos pensado cuando tenemos un problema que no nos permite seguir volando.

Pero nunca dejemos de pensar que no llegaríamos tan alto si no existiera el viento en contra. Así que yo te invito, a que, la próxima vez que el viento sople en tu contra, agradezcas que sea así, porque si el no podrías elevarte hasta el cielo, porque sin el no podrías tomar todas las toneladas de experiencias y problemas y arrastrarlas hacia arriba contigo.

Y jamás debemos olvidar que un avión estático en el suelo no llegará a su destino, para levantar el vuelo, hay que oponer una fuerte resistencia a ese viento en contra, a esos problemas, a esas adversidades y salir a su encuentro y enfrentarlas, enfrentarlas con la mirada puesta en las alturas, con la frente muy en alto y solamente así podremos despegar del suelo.

Y mientras vueles por el aire, por más alto que llegues, recuerda que siempre necesitarás un suelo en donde posar tus pies.


Anvil "el aeroplano" higgins, reportándose desde un poco más en serio...