miércoles, 19 de mayo de 2010

Mi Bicicleta Amarilla

Mi primer bicicleta fue una amarilla, era yo un morrito, me la regalaron por navidad, cuando la vi por primera vez, me senti pequeño pequeño, ahi estaba frente a mi alzándose como una mole de metal amarilla con sus ruedas grandes, enormes!. Y no pude evitar preguntarme, cómo es que yo podré subirme a ella? cómo es que la voy a dominar sin que me caiga de boca y me rompa mis dientitos de leche?

Salí a la calle a compañado de mi papá, del cual no tengo casi recuerdos, ya que se fue cuando era yo muy pequeño, pero dicen, y dicen bien, que honor a quien honor merece, y si tengo recuerdos agradables de mi infancia, uno de ellos es con él, enseñándome a andar en bicicleta.

Afuera todo parecía enorme y la calle de mi casa larga, exageradamente larga, casi infinita, apenas podía yo ver el final de la cuadra, mientras sentado en mi bicicleta amarilla, aferrado fuertemente a los manubrios, esperaba el momento en que empezáramos a rodar cuesta abajo, - me voy a caer papá!- gritaba con mucho temor - no te caerás, mira, si te fijas, la bicicleta tiene rueditas a los lados y no importa lo que pase, no te caerás - de verdad? - así es, voy a soltarte - y bajé aquella calle irregular dando tumbos y brincos en mi bicicleta amarilla, mirando como el final de la calle se acercaba más y acumulando una serie de emociones como un augurio de las que muchas veces en el futuro tendría: temor, emoción, triunfo y orgullo.

Pasé mucho tiempo sobre mi bicicleta amarilla con sus rueditas a los lados, nadie me detenía, ni siquiera los baches en la calle ni las piedras que no alcanzaba a sortear, porque tenía mis rueditas a los lados!! quién podría tumbarme si tenía mis rueditas a los lados?

Un día antes de salir a la calle con mi bicicleta amarilla, mi padre la tomó, tenía unas pinzas en la mano, y yo no sabía que era lo que pretendía hacer, tal vez si lo hubiera sabido, hubiera llorado y hecho un berrinche para evitarlo, pero no, todo me llegó de sorpresa cuando lo vi regresar con unas pequeñas llantitas en la mano, corrí hacia donde estaba mi bicicleta amarilla y ya no estaba ahi parada como acostumbraba esperarme, estaba tirada en el piso, pero por qué? porque ya no se sostenía? porque mi bicicleta amarilla estaba ahi tumbada, como si hubiera muerto? la levanté y esperé que se quedara así pero no ocurrió, volvió a caer, y entonces descubrí, que ya no tenia sus rueditasa los lados, y sentí miedo nuevamente.

Mi padre llegó y salimos a la calle, se que no pude esconder mi cara de terror porque de inmediato me dijo, no pasa nada yo te voy a sostener...

Nuevamente estaba yo ahi en mi bicicleta amarilla, aterrorizado, pensando en lo espectacular que sería mi caída y en lo mucho que me iba a doler, y comencé a bajar la calle, pero no sentí temor, me sentía protegido, porque no improtara lo que pasaba, cada que volteaba, estaba ahi mi padre, sosteniendo fuertemente el respaldo de mi bicicleta amarilla, evitando que me cayera.

No recuerdo cuántas veces subí y bajé esa calle acompañado de mi padre, no recuerdo cuantos días pasaron, ni recuerdo si mi padre se cansaba de correr detrás de mi sosteniendo la bicicleta amarilla, pero jamás olvidaré ese último empujón que medió justo antes de soltar el respaldo para dejarme bajar la calle sin la ayuda de nadie, y jamás olvidaré cuando miré hacia atrás y vi que me encontraba solo, calle abajo, pedalenado fuertemente, girando en las curvas, sintiendo el aire rebotar en mi rostro, era yo un bólido, iba a la velocidad de la luz! "reterecio" hasta que por fin llegue a mi destino.

Ese día subí esa calle con la sonrisa más grande que un niño de mi edad podía alojar en su pequeño rostro, casi o podía morder las orejas! ya la bicicleta no se me hacía tan grande, quizá porque ahora era yo el que se sentía enorme, invencible, imponente, todopoderoso.

Me caí muchas veces de mi bicicleta amarilla, pero de eso se trata el aprender no? de caerse y volverse a subir a la bicicleta, y un día cuando en verdad creces y tu bicicleta amarilla ya no puede sostenerte y te queda chica, cambias a una más grande, una que tal vez te dará temor otra vez, como todo lo que es nuevo nos atemoriza y a la vez nos emociona, pero sabemos que no importa que tan grande sea la bicicleta, si es de velocidades, de carreras, de montaña o de cross, siempre estará con nosotros el espíritu de esas llantitas a los lados y esa mano que nos sostiene del respaldo fuertemente para no dejarnos caer.

Es irónico, como una bicicleta amarilla que yo vi tirada ahi creyéndola muerta, me haya regalado tanta vida, y es increíble como la vida que me regaló, se parece tanto a andar en bicicleta.

Pero en esta bicicleta de la vida, yo me considero apenas una aprendiz y aunque dicen que andar en bicicleta nunca se olvida, de vez en cuando necesito de mis rueditas a los lados para no caerme, y sentir que me sostienen del respaldo y me empujan muy fuerte para que siga mi camino solo, y aún espero el día en que pueda dominarla tan bien, para poder pasar enfrente de mi casa y gritar
"MIRA MAMÁ, SIN MANOS!!!"

Au Revoir!

20 comentarios:

Jorge dijo...

UUHHH que buen post, cierto esas rueditas son taaan necesarias, desgraciadamente muchas veces no las valoramos y solo nos acordamos de ellas cuando nos vamos a caer y sin pensar que vayamos hechos la madre o a punto de caer siempre las rueditas estarán ahí para sostenerte.

Maraya dijo...

"pero de eso se trata el aprender no? de caerse y volverse a subir a la bicicleta..." (es en serio?)

yo también recuerdo a mi apá sosteniendo mi bici, cuánta adrenalina al darme cuenta que ya no iba el corriendo detras de mi

me encantó tu analogía, ojalá de verdad todo fuera tan sencillo como la bici, a veces es muy difícil después de haberse lastimado repetir ciertas cosas... o no?

gracias y un gran saludo!

Ari-chan dijo...

Qué bonito post señor Higgins, muy bonito. Y ciertamente esta vida es como andar en bicicleta.

Yo me he caído un montón de veces y cómo duele, pero ya ni modo, hay que dominarla y no dejar que nos domine.

Un saludo y un fuerte abrazo desde la costa del Pacífico.

patito dijo...

Ultimamente me da mas miedo levantarme y volverme a subir a la bicicleta que cuando era niña, como me gustaria volver a ser esa niña valiente, la paty gallo como me decia mi abuelo pues nada me detenia, parecia un muchacho en lugar de una niña.

Y me has sacado unas lagrimas...pues a mi tambien me enseño mi padre a andar en bici...yo lo tuve mas tiempo que tu, y tambien tenia sus defectos, pero como dijo el Mike jr de camino a la perdicion: When people ask me if Michael Sullivan was a good man, or if there was just no good in him at all, I always give the same answer. I just tell them... he was my father.

MsAlezhita dijo...

pues a andar en bici nunca aprendí jeje, mi papá me tuvo muucha paciencia pero a mi eso nomás no se me da, pero he de decirte que en lo que se refiere a la "bicicleta de la vida" si que estoy aprendiendo (y de que manera) y sé que mi bici tiene sus rueditas y una mano en el respaldo, y espero que aunque ya pueda hacerlo sola esas rueditas y esa mano siempre estén ahí.
Como siempre, un gusto leerte, aunque sea algo más en serio..

jbolivan dijo...

Pues yo ahorita necesito de rueditas a los lados porque estoy caido, eepero y su post me ayude a levantarme, pensando que todos necesitamos en algun momento, un poco de ayuda. saludos y gracias.

José de la Cruz dijo...

Señor, mis respetos por este pots. Muchas veces las cosas mas normales o cotidianas de la vida nos enseñan mas que cualquier trabajo, amor o ideología.

Sin complicaciones ni remordimientos, bicicletas amarillas siempre hay, el problema es que no nos atrevemos a montarla sin rueditas a los lados.

cielo azul dijo...

Yo necesito un par de rueditas en este momento como q no puedo sostenerme por misma, en fin espero se pase pronto...

Muy buen post!!!

Saluditos desde mi cielo

Balbino dijo...

buena analogia
me gusta su forma de escribir felicidades, y que bueno verlo de vuelta con algo como esto
genial
un saludo
y hasta pronto

Anónimo dijo...

Hola, me llamo mariana. te leo desde hace casi tres años Y uno de los primeros post que leí fue uno de algo mas en serio. ame el de los globos Y llore con el dedicado A chica x. hoy que leo este sobre la bici de tu vida te agradezco los posts que me han levantado el ánimo. me encuentro en un momento en que mi bici no tiene rueditas A los lados. pero creo que voy hacia adelante. gracias por todos tus posts. por los que me han hecho reir Y por los que me han hecho llorar. desde Acapulco saludos.

MANOLO dijo...

y era la bicicleta con ruedas, luego sin ruedas, luego mas grande..y otra mas grande...

y era la primaria con un solo maestro, luego la secundaria con 8 maestros, luego el bachillerato con 12, y la universidad con otro tanto y ademas minimo aprobatorio de 8...

y en mi caso...ELLA siempre estuvo sosteniendo la bicicleta y forrando mis libretas....gracias jefecita

anvil...un abrazo

Arlequin dijo...

conmigo mi papa no tuvo esa oportunidad, un dia cuando llego del trabajo ya le habia quitado yo las rueditas y le dije "mira papa, puedo solo" y el que se llevo el susto fue el, se le bajo cuando me vio que efectivamente ya podia, fue a la inversa, pero igual de satisfactorio, y creo que mi vida va a la inversa, siempre intento hacerlo solo y ya cuando me trabo, salgo llorando a brazos de mama o esposa o las dos, la que aparezca primero, suerte mi anvil te veo en el tw

Anónimo dijo...

Se te olvido comentar que ya habias cumplido 15 cuando le quitaron las llantitas jaja

Apolline dijo...

Pues yo nunca aprendí a andar en bici
ni con las pinches rueditas

Gambith dijo...

Interesante analogía, sin embargo es necesario hacer notar que lo que importa no es cuantas veces caigas ni cuantas veces te levantes, sino la experiencia que adquieras conforme pase el tiempo, muchas veces es mejor no esperar a caerse; conviene detenerse y reajustar el rumbo, aunque esto sea lo más difícil. Saber decir hasta cuándo y decidir cuánto es suficiente, antes de caer.

En referencia a su señor Padre, lo ideal es que tienes el recuerdo; y eso lo mantiene contigo.

Un saludote.
Gam

lokillo dijo...

que buena historia, me ha recordado mi bicicleta con rueditas.. y los golpes que recibí cuando ya nos las tenia para sostenerme :( estuve toda una tarde dandome golpes, que ya la persona que me sostenia era un primo dos años mayor que yo :S jiji gracias por traerme tan bello momento.

te invito a mi blog para que leas mis relatos.

saludos
Nikolás

offderek dijo...

Vete a la verga pinche putote!!

Raul Gonzales dijo...

Felicitaciones por tu trabajo con este sitio,buenos articulos y fotografias,me gusta mucho y voi a pasar por aqui de vez en cuando para ver los nuevos articulos publicados.. Tambien te dejo unos enlaces para unos sitios interesantes
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Mara Reyna dijo...

Querido Anvil,
Si es cierta tu comparación del aprendizaje de la bici con la vida, entiendo q ya valí madres! Mi primer viaje terminó embarrada en el poste de la esquina...
A mi no me enseñó mi papá, me enseñó mi tío, sin rueditas, lanzándome desde la calle en dónde vivía mi abuela, un 6 de enero... cabe señalar q el lugar en dónde vive mi abuela, es una calle tan más empinada estilo Guanajuato...
Por cierto... la velocidad y la felicidad q me produjo tal viaje tan corto fué único...
Aún así con el golpazo en plena jeta, aprendí a andar en bicicleta... recuerdo hasta la marca, era una vagabundo y tenía 8 años...

salu2

*FeNiX* dijo...

Hey!! como siempre...leer lo que escribes es un placer..tanto en serio como hacer reir!!...Saludos!!..Jajajaja.....