lunes, 18 de octubre de 2010

Cauce

Hace millones y millones de años, un pequeño arroyo comenzó a fluir,  no tenía un nombre porque no había nadie que se lo otorgara, pero a él no le importó, fluyó y fluyó hasta convertirse en un poderoso río, que con el paso de el tiempo, labró en la tierra un camino, que creció, y creció tanto, que se convirtió en un Cañón, cuando el hombre llegó, le puso un nombre al río, El Río Colorado, y asi mismo se llamó el Cañón, es una de las cosas que quiero ver alguna vez en mi vida, quiero pararme en sus cercanías y contemplar el Gran Cañon del Colorado, y asombrarme de saber que fue creado gracias a millones y millones de años de perseverancia de un pequeño arroyo.

Cerca de mi casa, había un arroyo, hace mucho mucho tiempo, incluso, creo que algunas personas solían navegar en él en frágiles barcas de madera, corría desde un brazo del río hasta desembocar en una laguna no muy lejos de mi casa. Durante mucho tiempo permaneció ahí llevando la corriente a su destino, año con año desde los albores del tiempo, o bueno, desde que se formó, dato con el que no cuento realmente.

Poco a poco, por causa de la urbanización la tierra se volvió escasa y como sucede en estos casos, el hombre le fue ganando terreno al arroyo, hasta que un día simplemente desapareció y solo quedaron las viejas historias transmitidas por generaciones que contaban, que hace mucho mucho tiempo, había corrido por ahí un arroyo de aguas cristalinas que se hizo a un lado para darnos un poco más de espacio para vivir.

Poca gente cree que ese arroyo haya existido, pero en época de lluvias, la memoria de Nuestra Madre Naturaleza, que nunca olvida, nos recuerda que ella hace tiempo decidió que ahí correría un arroyo y ni el hombre con sus moles de concreto podría evitarlo. Es un caos tremendo cuando llueve, las casas se inundan, la gente lo pierde todo, los autos, los muebles, se han perdido vidas incluso en ocasiones muy lamentables, la gente se molesta, se enoja, maldice, y al pasar las lluvias, todo vuelve a ser como estaba, vuelven a empezar sus vidas con la esperanza que la próxima vez, no suceda así, sin embargo, siempre es igual.

Los seres humanos somos exactamente como las corrientes de agua,  a travez de los años con nuestro comportamiento, con nuestras costumbres y acciones, lentamente vamos labrando nuestro cauce, el arroyo de nuestra vida, lo hacemos de una forma tan fuerte que nuestros arroyos poco a poco se convierten en ríos cuya corriente es siempre la misma. Y sin embargo, en algún momento llega alguien que nos hace cambiar, que nos pide modificar nuestro camino, o decidimos cambiarlo por nuestra voluntad, para juntar las aguas de nuestra vida y formar una corriente juntos, más fuerte, más poderosa.

Pero somos como ríos, y durante las épocas de lluvia de nuestras vidas cedemos ante la presión, y volvemos a nuestro cauce original, del que nunca debimos haber salido, volvemos al camino que habíamos trazado con nuestros actos, con nuestra personalidad y nuestras costumbres, y creamos caos y destrozamos lo que queda a nuestro paso, y la tormenta nos vuelve feroces, y nos alejamos de ese camino que estábamos formando juntos, de ese camino que pensamos era lo que siempre habíamos querido, y lastimamos o salimos lastimados, porque estabamos siguiendo un camino que no era el nuestro, un camino que la madre naturaleza no había planeado para nosotros.

Y al final de la tormenta, regresamos a esa corriente nueva, a ese camino falso, deseando que la próxima vez no nos pase lo mismo, pero siempre, siempre es igual.

Las personas no cambiamos, podemos modificar nuestra conducta por un ser amado, para que nos acepten en la sociedad, para que nos dejen formar parte de algo, podemos cambiar nuestra corriente para pasar por lugares que creemos es donde queremos estar, podemos cambiar nuestro cauce cuando todo esta en calma, pero siempre habrá época de lluvias, y los problemas siempre nos desbordarán, y no habrá una presa que contenga nuetro verdadero ser, ni la verdadera cara de nuestras vidas y sacarán a lucir quiénes somos en realidad y por dónde debimos haber seguido.

Para que modificar un río?
Para qué pedirle a alguien que se vuelva uno con nosotros?
Por qué tenemos esa necesidad de juntar las corrientes para sentirnos mas fuertes?
Por qué crear una presa para contener a alguien si sabemos que en algún momento se desbordará llevándose todo lo que encuentra a su paso? Por qué esperar que la próxima vez no sea igual?

Debemos recordar y aprender, recordar y aprender con los años, que no importa que tan diferentes seamos, que no importa que tan lejos estén nuestras corrientes, al final, todos los ríos desembocan en el mar. Y es ahí donde por fin podremos ser uno solo y subir al cielo, llegar hasta las nubes y caer como lluvia en un lugar lejano, y por qué no decirlo, quizá, a partir de ese momento  empezar a labrar juntos nuestro propio Gran Cañón.


Anvil Higgins, un poco más en serio.